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Autogestión emocional

Un ejemplo de autogestión emocional

2019. Mundial del atletismo de Doha. Angelica Begtsson es una atleta sueca que se está jugando pasar a la siguiente fase en la que podría conseguir una medalla.

Pero tragedia, en el momento de clavar la pértiga para saltar ésta se rompe. Y en ese momento ese imprevisto hace que todo se venga abajo.

¿Qué se le puede pasar por la cabeza a una persona que en segundos, por causas ajenas a su voluntad, puede ver frustrado todo su entrenamiento y preparación previa? ¿Qué pudo sentir Angelica Bengtsson cuando, en el momento más importante, rompió su pértiga, y con ello, casi la posibilidad de acceder al grupo de las 6 mejores?

Al igual que el resto de deportistas de élite, paraformar parte  de los mejores, no solamente hace falta reunir importantes características y potencialidades físicas, sino que resulta casi más importante la constancia, el entrenamiento y el compromiso.

Los atletas se preparan durante 4 años a diario, para superar sus límites y mejorar sus marcas, pero se la juegan en instantes decisivos, que muchas veces no pasan de los pocos minutos. En esos momentos, el corazón se acelera, el nivel de adrenalina se dispara, el público ruge y la presión ambiental y personal se intensifica hasta niveles casi inmanejables. El atleta se la juega, y se lo juega todo a una sola carta. Es el todo, o la nada.

En muy probable que, en una situación de este tipo, las emociones que experimenta el atleta de frustración y rabia sean tan intensas que no puedan manejarse. Si la persona no es emocionalmente inteligente, y no es capaz de manejar esa situación, muy posiblemente tenga que abandonar, o no sea capaz de hacer frente al desafío.

Sin embargo, Angelica se levanta, y hace ver al público que se encuentra bien sin perder el control de la situación. Entonces la atleta comenta con sus competidoras, camina, reflexiona (mientras la cámara de televisión la persigue), y la saltadora francesa le ofrece su propia pértiga para que realice su tercer y último intento. Ella acoge la pértiga casi con alegría, resuelta, y sin pensarlo más, se encamina de nuevo a la línea de salto.

En el tercer intento, y con una pértiga que no era suya, Angelica Bentsson logra superar la marca de 4,80, y con ello batir el récord nacional de su país, entrando además a formar parte de las 6 mejores saltadoras de pértiga del mundo actuales.

En nuestra vida, profesional o personal, nos enfrentaremos a situaciones difíciles, a frustraciones y a retos complejos. ¿Lo haremos con inteligencia emocional?, ¿o nos vendremos abajo ante la adversidad o los reveses de la vida?

La buena noticia es que es posible mejorar el manejo que hacemos de nuestras emociones, a través del autoconocimiento y el entrenamiento con técnicas y herramientas efectivas.

https://as.com/masdeporte/2019/09/29/videos/1569783474_365374.html

https://www.youtube.com/watch?v=q-uZnl3OYOA

Ejemplos de autoconfianza y resiliencia

En los años 60, el psicólogo Robert Rosenthal llevó a cabo un famoso experimento sobre el conocido efecto Pigmalion. Antes de un curso académico, midieron el cociente intelectual de 320 alumnos, y comprobaron que no había diferencias significativas entre ellos. Sin embargo, falsearon los resultados de 62 de ellos y elaboraron informes que señalaban que este pequeño grupo era brillante, con una inteligencia muy por encima de la media. Estos informes falsos se comunicaron a los profesores al comenzar las clases, y al finalizar el año académico comprobaron los resultados del grupo de alumnos, y volvieron a medir su cociente intelectual.

La sorpresa se la llevaron una vez que finalizó el curso. Los alumnos supuestamente brillantes habían obtenido mejores resultados, y habían avanzado intelectualmente más que el resto de compañeros. Los resultados muestran por tanto que las expectativas previas que se indujeron en los profesores condicionaron de forma significativa los resultados del grupo, quizás porque como consecuencia de tales juicios, ofrecían un trato diferencial a sus estudiantes.

La percepción que el profesor tenía sobre las capacidades del alumno condicionó de forma decisiva su rendimiento.

Si el efecto Pigmalion es tan notorio en relación al juicio que las personas emiten sobre otras, es obvio concluir que la percepción que una persona tiene sobre sus propias capacidades repercute directamente sobre su rendimiento. Ahí es donde radica la importancia de la autoconfianza, y no solamente en relación al mantenimiento de un buen ajuste y bienestar personal.

En sus comienzos, Conrad Hillton tenía más confianza que recursos. Este empresario hotelero no tenía en cuenta los obstáculos, y no se venía abajo con las dificultades. Su sueño siempre fue construir un gran hotel, pero después de reunir una importante suma de dinero, los arquitectos le presentaron un presupuesto que estaba muy por encima de sus posibilidades. Sin embargo, Hillton les empujó a empezar el proyecto, y comenzó a construir sin tener el dinero necesario para terminar la obra, y sin la más mínima idea acerca de dónde provendría el capital necesario. Actuaba con confianza, y por este motivo, otras personas se convencieron de que podría hacerlo y acabaron invirtiendo su dinero en las ideas de HIllton.

John D. Rockefeller dirigía sus operaciones basándose fundamentalmente en la autoconfianza. Cuando le reclamaban las deudas que inicialmente tenía, Rockefeller solía ofrecer la posibilidad de saldar la cuenta con acciones de su empresa en ciernes. Parecía tan confiado, tan tranquilo, tan seguro de sí mismo, que casi todo el mundo aceptaba las acciones de su compañía. Y nadie llegó a arrepentirse de ello.

Helen Keller quedó ciega, sorda y muda como consecuencia de una enfermedad, antes de los dos años de edad. Pero estaba decidida a superar su situación y consagrar su vida a ayudar a los demás. Así llegó a ser una de las mujeres más inspiradoras de todos los tiempos. Aprendió a leer y a escribir, y llegó a ser una autora brillante. En 1904 se graduó cum laude, y viajó dando conferencias. Helen Keller utilizó su determinación y autoconfianza para superarse y alcanzar el éxito.

Stephen Hawking vivió los últimos 30 años de su vida paralizado de pies a cabeza, y sin voz, debido a la enfermedad degenerativa que sufría. Pero esto no le impidió escribir varios libros, doctorarse y convertirse en uno de los científicos más importantes de la historia.

Viktor Frankl inventó la logoterapia, un método terapéutico para aliviar el sufrimiento, mientras estaba prisionero en un campo de concentración nazi, durante la Segunda Guerra Mundial, y después de perder a su familia y a muchos amigos.

Nelson Mandela fue capaz de soportar 27 años de prisión, injusticia y vejaciones para consolidar la igualdad y frenar la discriminación que la raza negra sufría en Sudáfrica.

Albert Einstein no comenzó a hablar hasta los 4 años, y algunos profesores llegaron a pensar que podría tener algún tipo de retraso. Marconi decidió a los doce años que sería inventor de la telegrafía sin hilos, y fijó su meta a pesar del hecho de que afamados científicos de su época habían sido incapaces de lograrlo. Henry Ford nació en una granja, en el seno de una familia muy pobre, pero no paró hasta inventar un coche que no fuera tirado por caballos. Los hermanos Wright se fijaron la meta de volar. Y la lista es interminable…

Son solamente algunos ejemplos famosos y conocidos de personas con autoconfianza y con seguridad en si mismos que, a pesar de las posibles dificultades, lograron alcanzar sus objetivos.

La autoconfianza es uno de los pilares de la personalidad resiliente. Una de las variables de la inteligencia emocional intrapersonal, por la cual la persona se percibe a sí misma con capacidad para enfrentar sus retos, alcanzar sus objetivos, y encontrar soluciones incluso ante situaciones potencialmente traumáticas como la que hemos vivido.

¿Y tú? ¿Eliges enfrentarte a los retos de la actual crisis con autoconfianza? ¿O prefieres emitir juicios que disminuyan tu capacidad de afrontamiento, y te resten?

Autoconsciencia emocional

Piensa por un momento en cómo te sientes ahora mismo…

Es muy probable que, si no estás atravesando una situación vital muy intensa, la información que te llega sobre tus emociones sea bastante justa. Es muy común, por ejemplo, cuando le preguntamos a alguien cómo se siente, que nos diga que está bien, o regular, o mal. Pero apenas nos detenemos a analizar cómo nos estamos sintiendo realmente, cuál es la naturaleza exacta de las emociones que tenemos, en qué situaciones se desencadenan, o cómo las vivimos.

Y, sin embargo, se trata de información muy útil para mejorar nuestro ajuste y nuestra capacidad de adaptación. Dice Daniel Goleman que los seres humanos mejor adaptados son aquellos que tienen un conocimiento muy amplio de sus propias emociones, y que son conscientes de porqué aparecen, de cuáles son los estímulos que las provocan, y de cómo se vivencian a nivel cognitivo, físico o conductual.

El segundo gran pilar de la resiliencia y del afrontamiento de situaciones potencialmente traumáticas es la autogestión emocional. Pero el paso previo para potenciar esta capacidad es que primero seamos conscientes de ellas, y las conozcamos.

Sin embargo, desde que nos levantamos por la mañana, hasta que nos acostamos, estamos constantemente pensando cosas. ¿Qué voy a desayunar? ¿Cómo se presentará el trabajo hoy? ¿Qué tengo que hacer en la oficina, o en casa? ¿Qué le tengo que decir a mi compañero sobre el proyecto X? ¿Qué me apetece comer? ¿Qué me dirá el cliente cuando le llame? ¿Cómo estarán las cosas hoy en la desescalada?, etc. Pero muy rara vez nos detenemos a pensar en lo que estamos sintiendo.

Según las últimas investigaciones, tenemos alrededor de 60.000 pensamientos al día, y aproximadamente el 80% de ellos son negativos. Teniendo en cuenta que nuestro cerebro está programado para la supervivencia, es más “sencillo” percibir  situaciones de peligro, detectar amenazas o identificar aspectos negativos o peligrosos para nuestro ajuste al entorno. Además del trabajo que podemos llevar a cabo sobre nuestros pensamientos, identificándolos y tratando de equilibrar los pensamientos negativos con otros más positivos (y en muchas ocasiones más realistas), resulta muy útil analizar también nuestras propias emociones con el fin de mejorar la gestión que hacemos de ellas. Al fin y al cabo, los pensamientos despiertan emociones, y las emociones generan pensamientos. Y todo ello influye de manera decisiva en cómo nos comportamos.

Para profundizar en nuestro mundo emocional, se puede partir del modelo de las emociones básicas. Aunque hay diferencias de criterio entre los diferentes autores, existe cierto consenso en considerar que los seres humanos tenemos 5 emociones primarias, que son el miedo, la alegría, la rabia, la tristeza y el asco. Todas estas emociones cumplen un propósito adaptativo, y las tenemos porque nos ayudan y facilitan nuestro ajuste al entorno, al día a día (siempre y cuando no sean excesivas o aparezcan ante estímulos inocuos).

Podemos partir de estas 5 emociones para hacer un análisis de nosotros mismos, vinculando situaciones que vivimos con alguna o algunas de las emociones antes mencionadas, e identificando además la respuesta cognitiva (pensamiento), fisiológica (cuerpo) y conductual que se deriva de cada una de esas situaciones. Esta herramienta de autoanálisis es lo que se conoce con el nombre de autorregistro emocional.

Gracias a este tipo de ejercicios, la persona puede conectar cada vez mejor con su mundo emocional, lo que le permitiría ser cada vez más consciente de sus emociones, y de las situaciones, pensamientos, conductas y respuestas físicas asociadas a cada una de ellas. Este hecho desarrolla la autoconsciencia emocional, lo que es un paso previo casi necesario para mejorar la gestión de las propias emociones, aspecto esencial para el afrontamiento de situaciones difíciles como la actual.

Autoconocimiento y resiliencia

El autoconocimiento nace de las respuestas que aparecen cuando la persona se pregunta, ¿quién soy? Es el punto de partida de cualquier tipo de desarrollo personal, uno de los principios básicos para la regulación emocional, la adaptación al entorno, la consecución de metas y la relación con los demás. Es por tanto, una condición esencial para el enfrentamiento de situaciones difíciles como la actual, y uno de los componentes esenciales de la resiliencia.

Pero llegar al verdadero autoconocimiento no es tarea sencilla. Cuando nos preguntamos acerca de quienes somos, en ocasiones nos limitamos a reconocer los rasgos más aparentes de nuestra personalidad, o de nuestro comportamiento. Sin embargo,  el auténtico autoconocimiento va más allá, porque supone realizar un análisis profundo para llegar a la verdadera naturaleza y esencia. Supone, por tanto, además de reconocer esos rasgos aparentes, identificar otras variables como deseos, valores, principios, creencias, estilos cognitivos o emociones. El problema es que estos aspectos a veces no son tan accesibles, y pueden quedar escondidos bajo las expectativas de otras personas o de las situaciones que vivimos.

Otra de las barreras que nos encontramos para el autoconocimiento es que preferimos desechar la visión de nosotros mismos que no nos agrada, y tratamos de minimizar o directamente eliminar aquellos aspectos internos que no nos gustan, lo cual resta objetividad y realismo al conocimiento que tenemos sobre nuestra naturaleza más esencial y definitoria .

Se puede afirmar que si la persona no se analiza de manera profunda, sincera, reflexiva y a lo largo del tiempo, es muy probable que el autoconocimiento no llegue a desarrollarse completamente, lo que reducirá la probabilidad de encontrar satisfacción y alcanzar cierto bienestar psicológico. Y si hablamos de afrontamiento de problemas y acontecimientos potencialmente traumáticos como la pandemia actual, la persona tendrá una base mucho menos efectiva para salir airoso de la situación, y encontrar el camino.

Se hace pues muy recomendable emprender el camino para llegar a conocerse en profundidad, a partir de la reflexión y autoanálisis. Desde esta perspectiva, todo ejercicio encaminado a desvelar aspectos de nuestra forma de ser, de comportarnos, de sentir o de reaccionar, en diferentes situaciones y a lo largo del tiempo, puede constituirse como un ejercicio apropiado para estimular el autoconocimiento.

En ese ejercicio de autoanálisis, hay muchas preguntas que nos podemos lanzar para llegar a ese descubrimiento ¿Cómo me siento con respecto a mi pasado? ¿Cómo me siento con respecto a la pandemia actual? ¿Cuáles son las cualidades que más me gustan de mí? ¿Cuáles son las principales áreas de mejora que tengo?¿Qué me hacen sentir las personas con las que me relaciono? ¿Qué es lo que más me gusta de ellas? ¿Y lo que me cuesta más trabajo aceptar?¿Cómo reacciono frente al estrés? ¿Qué fue lo que hice, lo que sentí, lo que me pasó en el último problema que tuve? ¿Qué puedo aprender de ello? ¿Cuáles son las cosas que más me decepcionan? ¿Y lo que me hace vibrar? ¿Qué valores son importantes para mi? ¿Qué quiero conseguir en mi vida, en mi trabajo, con mi gente?¿Qué podría hacer para cambiar lo que no me gusta de mi vida?, etc.

Reservar tiempos en los que podamos reflexionar acerca de cuestiones profundas mediante las preguntas adecuadas puede ser una primera aproximación al desarrollo del autoconocimiento. Y la crisis actual, en la que quizás tengamos más tiempo para hacerlo, puede ser una oportunidad más que la vida nos brinda en el camino del autodescubrimiento. De nosotros depende si queremos aprovecharla, o no.

La tiranía del optimismo en confinamiento

Desde algunas tendencias actuales de autoayuda  se ha llegado a defender la idea de que es suficiente con pensar en positivo, y desear con fuerza algo para finalmente obtenerlo. Este tipo de afirmaciones, lejos de tener alguna base científica o real, conducen en muchas ocasiones a la opinión generalizada de que alcanzar la felicidad es sencillo, y que basta con conocer dos o tres trucos para conseguirlo. La moda actual de este tipo de corrientes pseudocientíficas mueve millones de euros al año, y se ha extendido como la pólvora en los últimos años. Flaco favor que le hacen a disciplinas más consolidadas, de carácter mucho más riguroso como la psicología científica positiva.

La consecuencia es que, lejos de suponer alivio o mejora del bienestar, la persona puede acabar sintiéndose más frustrada, pues  parece que desde esta perspectiva, el único y exclusivo responsable de la propia felicidad es uno mismo. Así las cosas, aquellas personas que no logran alcanzar cierta satisfacción personal, se convierten en los culpables de su propio sufrimiento. ¿Acaso no influye el entorno? ¿Acaso todos los problemas pueden sobrellevarse con positividad, sin sufrimiento, con fortaleza y con éxito? ¿Acaso una situación hostil y difícil como la actual no puede hacer que se tambalee nuestra propia felicidad y nuestra gestión emocional?

Negar la influencia del entorno sobre nuestra capacidad de adaptación y autoajuste es, sencillamente, negar la realidad. Por esta razón, frente a las tendencias que justifican la tiranía del positivismo, se debe dejar claro que la felicidad y el bienestar es consecuencia de la interacción de circunstancias ambientales y personales.

Así las cosas, en ocasiones como la actual, la influencia que tenemos sobre el devenir de los acontecimientos o las circunstancias ambientales es limitada, o incluso inexistente. Reconocer este hecho nos permite aligerar la carga de la responsabilidad, y reconocer que las emociones de rabia, tristeza, ansiedad o frustración que pueden sobrevenir son perfectamente normales y lógicas.

Y una vez interiorizado este pensamiento, podremos, como siempre, incidir sobre los aspectos internos y personales para sobrellevar esta situación, e incluso sacar partido de ella, pero siempre desde la amabilidad y la paciencia con uno mismo, reconociendo que habrá días buenos y malos, mejores y peores.

Desde esta perspectiva, las estrategias basadas en la inteligencia intrapersonal, la autogestión emocional y el trabajo cognitivo son múltiples y muy efectivas. La capacidad de adaptación y resiliencia del ser humano es más que evidente, y dispone de todo el potencial para hacer frente a todo tipo de situaciones hostiles y negativas. Incluso, también, en una situación de confinamiento como la actual. Dejemos por tanto a un lado la tiranía del optimismo, y reconozcamos también la influencia ambiental sobre nosotros. De esta forma, la efectividad de los recursos de afrontamiento y las estrategias que llevemos a cabo será, si cabe, más significativa y reveladora.

Consejos para teletrabajar de manera productiva

Como comentábamos en la entrada anterior, la mayor o menor probabilidad de alcanzar un buen rendimiento en el trabajo a distancia o teletrabajo, y de explotar al máximo sus ventajas y aprendizajes dependerá en mayor medida de las destrezas y recursos de afrontamiento de la persona. 

Desde esta perspectiva, hay algunas habilidades y estrategias que el profesional puede poner en marcha con el fin de adaptarse de la mejor manera posible al teletrabajo, en las circunstancias complicadas de la actualidad:

  • Planificación de la jornada laboral: Al igual que sucede en la oficina, es muy recomendable crear rutinas de trabajo, y programar las actividades de acuerdo al horario establecido, y en función de la importancia y la urgencia de las tareas. Además, es muy útil hacer una buena estimación del tiempo que ocupará cada actividad, teniendo en cuenta posibles distracciones o interrupciones (sobre todo si los hijos están en casa) y programar los trabajos en la franja horaria más adecuada según las fluctuaciones de nuestra capacidad de concentración y variables externas.
  • A la hora de priorizar y planificar la agenda, las principales variables a considerar son la importancia y la urgencia. Sin embargo, puede resultar efectivo comenzar la jornada con las tareas que puedan resultar más tediosas o menos agradables. De esta forma, el resto de la jornada puede hacerse más llevadero y motivador.
  • Es fundamental separar las tareas y actividades del hogar de las que son puramente profesionales. Una vez más, una correcta planificación de ambas realidades, incrementará el rendimiento y la efectividad. El procesamiento de la información en el cerebro es secuencial, y los trabajadores de mayor éxito procuran acometer las tareas de manera ordenada, agrupando los temas relacionados, y sin abrir demasiados frentes. La multitarea resulta contraproducente, y si además son aspectos tan separados como la realidad personal y profesional, el resultado es todavía más negativo.
  • Potenciar la disciplina y responsabilidad individual. Para teletrabajar, es casi necesario tener disciplina, y si no se tiene, desarrollarla. Establecer metas a corto plazo, potenciar la autoestima, eliminar tentaciones y crear hábitos puede ayudar al profesional a conseguirlo.
  • Explotar y aprovechar al máximo los canales de comunicación. La comunicación interpersonal face to face resulta ser la más efectiva para la interacción humana, la comprensión del mensaje, la puesta en común de ideas, la toma de decisiones en común, o el trabajo en equipo, entre otras. En estos casos, se puede apostar por la videoconferencia. De todas formas, cuando no es posible apostar por ella, o cuando el objetivo planteado se puede alcanzar a través de otro canal de comunicación, se puede recurrir al teléfono, o al correo electrónico.
  • Para evitar la posible sensación de aislamiento, y sobre todo para aquellos profesionales acostumbrados al contacto y a la interacción constante, se pueden aprovechar los descansos para comentar algo con las personas que estén en casa (con autodisciplina), hacer alguna llamada personal (breve), ver o escuchar algún programa de entrevistas en la tele o radio durante unos minutos, etc.
  • Utilizar estrategias de relajación, distracción o mindfulness con el fin de hacer frente a posibles respuestas de distrés derivadas de la situación de cambio.

Por último, con el fin de evitar posibles reacciones emocionales o cognitivas poco adaptativas (derivadas de la situación social actual) es recomendable seguir las recomendaciones indicadas por el colegio oficial de psicólogos.

Desafíos y retos del teletrabajo

En España, hasta hace unos días, menos del 5% de los profesionales desempeñaba su trabajo a distancia, en la modalidad de teletrabajo. Sin embargo, las circunstancias actuales han forzado a las empresas a adaptarse y los trabajadores se han visto en la necesidad a enfrentarse a una realidad desconocida hasta el momento.

Lo que hasta hace bien poco era un deseo bastante generalizado en la población activa, se ha convertido en una necesidad abrupta, impuesta por variables externas y posiblemente en muchos casos sin tiempo para adaptarse. Además, el clima actual de incertidumbre, sobreinformación y preocupación generalizada no constituye el mejor de los escenarios para desempeñar el trabajo de la manera más eficiente.

Aunque el teletrabajo tiene muchas ventajas, también tiene inconvenientes, y en un contexto como el actual, es útil que se analicen los riesgos específicos y posibles obstáculos a los que deberán hacer frente estos profesionales:

–      Falta de experiencia en esta modalidad laboral.

–      Comunicación organizacional e interpersonal limitada.

–      Distracciones externas, interrupciones y variables ambientales.

–      Dificultades derivadas de la posible falta de responsabilidad o disciplina personal.

–      Falta de experiencia en el uso de herramientas tecnológicas de teletrabajo y/o problemas técnicos.

–      Reacciones y respuestas emocionales y cognitivas poco adaptativas, provocadas por la problemática social actual.

Por supuesto que existen estrategias para influir sobre el ambiente, para hacerlo más “amable” y adecuado. Sin embargo, cuando no es posible modificar las variables externas, la energía debe dirigirse en una dirección diferente. El esfuerzo debe orientarse hacia uno mismo, poniendo en marcha estrategias intrapersonales que hagan frente a esas circunstancias.

Teletrabajar en la actualidad, en una situación de incertidumbre, con apenas experiencia en ello, y sin haberlo buscado, puede constituir una situación difícil para muchos profesionales. La persona tendrá que poner en marcha todos sus recursos de afrontamiento para gestionar de la mejor manera posible este cambio. Aunque un cambio de este tipo puede provocar miedo, malestar y cierto vértigo, lo cierto es que en la mayor parte de las ocasiones, el profesional puede salir reforzado y con mayores recursos.  Esta experiencia, es una oportunidad para que la persona adquiera nuevas habilidades, se renueve, crezca como profesional (y como persona), se supere a sí mismo y además se haga más fuerte, más resiliente.

De todas formas, una vez más, alcanzar el éxito, y  conseguir tales beneficios, no dependerá tanto de las circunstancias ambientales o externas, sino de las habilidades y recursos de afrontamiento de la persona.

Escepticismo en el desarrollo de habilidades

  • Pedro, recuerda que mañana es el curso de trabajo en equipo.
  • Si, lo tengo apuntado en la agenda desde hace unas semanas. Mira que he intentado escaquearme, pero no ha habido manera. Estos de Recursos Humanos, que ya sabes que cuando se ponen…
  • Ya, ya lo sé. Y no se les ocurre otra que programarlo ahora, cuando más trabajo hay. Y tenemos que estar dos días fuera del puesto, la cantidad de trabajo que vamos a tener después…
  • Sí, y nos dirán que nos tenemos que quedar, y venga a echar horas…Y después? Van a venir los de RRHH a agradecernos el curro, o a premiarnos, o algo?
  • Jaja, pues ya sabes que no!! Pareces nuevo!!
  • Y encima trabajo en equipo, joer, si nosotros trabajaos bien en equipo, si nos llevamos genial…

La formación en habilidades puede ser percibida por ciertos profesionales como un obstáculo para la realización de su trabajo, más que como una ayuda. Para otros, puede suponer una pérdida de tiempo, y para otros muchos, simplemente, un aspecto superfluo en  su desempeño profesional.

A pesar de que las herramientas y estrategias analizadas y entrenadas en los cursos de capacitación han demostrado su valía, y permiten alcanzar elevados resultados de calidad, su efecto no es inmediato, y para que demuestren su utilidad es necesario una premisa imprescindible, una condición necesaria pero no suficiente para que se produzca el cambio, el desarrollo, o el aprendizaje. Estas son solamente algunas de las razones que originan ese escepticismo en ciertos entornos profesionales.

Se hace necesario que el propio profesional reconozca la importancia de las soft skills en el puesto de trabajo, se requiere que el equipo sea consciente de que la capacidad de comunicación, de gestión emocional, de gestión del tiempo o de análisis de problemas y toma de decisiones son aspectos fundamentales, o al menos significativamente importantes, para un desempeño excelente. Y esto solamente por poner algunos ejemplos. Pero sin esa predisposición inicial, sin esa apertura al aprendizaje, el desarrollo será muy complicado que pueda producirse.

Por estas razones, las metodologías de formación que verdaderamente funcionan en el desarrollo de habilidades, son aquellas que ofrecen no solamente procedimientos y herramientas de mejora, sino que parten de una sensibilización o concienciación acerca de la importancia de tales estrategias.

El método formativo y la habilidad del ponente serán, por tanto, claves para contribuir o permitir que el desarrollo efectivo de habilidades se produzca. En caso contrario, la formación será solamente una presentación de recursos que para el profesional escéptico sonarán vacíos, inútiles y carentes de significado práctico o de aplicación útil.